Educación y privacidad. Mezclado y no agitado.

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Hace ya algunas semanas, como dice mi socio Javier, me metí -en Twitter- en uno de esos charcos llenos de barro que tanto me gustan… El fondo del asunto provenía de la publicación el 21 de septiembre en una revista especializada en Derecho, de un artículo en el  que se hacía eco de una nota publicada en fecha 6 de agosto por la Asociación Profesional Española de Privacidad, de la cual soy asociado como ya sabrán a estas alturas. En esa nota, ante la aprobación días antes del RD 1190/2012 que establecía nuevos contenidos en la asignatura de Educación para la Ciudadanía de educación primaria y secundaria obligatoria, esta Asociación reclamaba la inclusión en dichos contenidos de aspectos relacionados con la privacidad y la seguridad de los menores.

Hubo compañeros del sector que inmediatamente criticaron en twitter esta “demanda” con los más diversos argumentos, algunos de los cuales –a título personal- me hicieron llegar por diversos canales (básicamente por la red social, pero también correos privados) y por esto, y por supuesto sin citar quién defiende cada uno de ellos, trataré de exponerles estos argumentos de forma ordenada y, en la medida de mis posibilidades, rebatirlos o compartirlos…

Lo primero de todo, es tratar de dejar claro que me considero capacitado para opinar sobre el tema fundamentalmente por tres motivos:

a)      En numerosas ocasiones he reconocido públicamente mi datoadicción y mi condición de asociado de APEP, pero, como reza en la declaración de principios de este blog, en el mismo, pretendemos “ofrecer un espacio con soluciones lógicas a los problemas que se presentan, lejos de la idea del “eleopedecentrismo”…”

b)      Tengo hijas cursando educación primaria y/o secundaria, por lo que conozco de primerísima mano lo que ocurre en determinadas edades.

c)      He colaborado en acciones formativas “a formadores de nuestros menores” (bastante poco rentables desde el punto de vista económico por cierto, pero muy satisfactorias tanto como profesional de la privacidad, como como padre), y, por tanto, conozco algo el “estado del ¿des?conocimiento” de la privacidad entre tales colectivos y conozco también, la reacción de interés que proporcionan estos contenidos cuando se difunden entre padres y profesores, que en la mayor parte de los casos es la primera vez que oyen hablar de seguridad y de privacidad.

El primero de los argumentos para estar en contra…

Algunos detractores de la idea creen que la importancia que se está dando a eso que se llama “privacidad” es exagerada. Sobre todo, cuando se relaciona con una manera de entender los derechos fundamentales de forma absoluta. Argumentan que los derechos fundamentales no son absolutos, tal y como ha dicho el Tribunal Constitucional muchas veces, señalando, por ejemplo, como límite del derecho fundamental a la protección de datos el derecho a la libertad de expresión. Pero el límite a un derecho no siempre tiene que ser otro derecho, también puede serlo un valor o la moral en general y la Ley no puede amparar el abuso del derecho o un ejercicio antisocial del mismo, aunque no se dañe a nadie, ni se vulnere el derecho de ningún otro. Las obligaciones y los deberes también son límites de los derechos.

 Entienden los derechos individuales como una forma de imponer intereses minoritarios por encima del bien común sin respetar las obligaciones políticas que todos tenemos (nos guste o no) por el hecho de vivir en un Estado. Se llama contrato social. El cumplimiento de las obligaciones no puede dejarse al arbitrio de una de las partes.

En esta línea de ejercicio abusivo de los derechos, encuadran la defensa de la privacidad que hacen algunos. 

Pues bien, en relación a este primer argumento no pongo en duda la “sobreimportancia” que al derecho a la privacidad se concede tanto por parte de algunos profesionales del sector como desde las propias Instituciones y Administraciones públicas (que luego son las primeras en no respetarlo incumpliendo de forma descarada la LOPD), pero no es menos cierto, que desde luego no es mi caso –o eso procuro.

En cualquier caso, la importancia que unos u otros le den o no le den a la privacidad, me importa bastante poco en este asunto… me parece mucho más interesante tener en cuenta el interés a proteger, y si todas las mañanas nos levantamos con portadas de periódicos ofreciéndonos verdaderas barbaridades ocurridas en o por culpa de malos usos de redes sociales –a modo de ejemplo-, creo que merece algo más que la pena poner todo lo posible de nuestra parte para que cada día ocurran menos estas cosas… y esto, en mi humilde opinión, pasa, entre otras cosas por ofrecer información y formación a nuestros menores sobre los riesgos que suponen estas “herramientas” y las consecuencias de no contemplar aspectos como privacidad y/o seguridad…

El segundo de los argumentos para estar en contra…

Argumentan que lo que nos faltaba es que desde pequeños, empiecen a educar en el derecho a la privacidad a aquellos con los que nos va a tocar vivir. Me dicen que utilizar bien Internet es una cuestión de sentido común, que se aprende con el tiempo, que no se enseña en una asignatura… que nadie propondría añadir al plan de estudios la asignatura “No tratar con extraños”, porque es de sentido común.

Con este segundo argumento no puedo compartir ni una sola palabra.

Quizá parezca lógico que antes de cruzar una calle hay que mirar para hacerlo cuando no circulen por ella coches, pero como no quiero que mis hijas acaben bajo las ruedas de algún desalmado que circule a excesiva velocidad, resulta que tanto en el colegio como en casa, les enseñamos educación vial, que miren a la izquierda, luego a la derecha y otra vez a la izquierda (pura lógica, vamos). Y ésta se incluye en la asignatura de Educación para la Ciudadanía (antes y después del RD 1190/2012) e incluso a veces origina actividades extraescolares. También parece lógico que hombres y mujeres tienen los mismos derechos, pero esto, también se incluye en asignaturas como la Educación en Valores alternativa a la Religión, o en Educación para la Ciudadanía… Y todo ello, solo a modo de ejemplo. Existen muchos más temas similares.

En relación con la privacidad y con la seguridad, hay una diferencia fundamental: claro que es de lógica que no se hable con personas desconocidas…. Pero Internet es un medio nuevo, y por ello, desconocido. Desconocido para los menores, pero y, sobre todo, para la mayoría de profesores y casi totalidad de padres… Y los riesgos –al igual que las ventajas- son muchos. Cuando mi hija se cruza por la calle con un desconocido, no le cabe ninguna duda de que no lo conoce, resulta obvio, y por ello, actúa en consecuencia con lo que le hemos enseñado (porque se lo hemos enseñado, “de serie”, ella no discriminaba), y por eso, no habla con él, o a lo sumo, debido a la educación que recibe, le saluda muy atenta… Pero si alguien en un chat, por ejemplo, entrase a hablar con ella, ella “de serie” no sabe si esa persona que está al otro lado es realmente quien dice ser… y eso, como muchas otras cosas, no es de lógica, hay que aprenderlo… y mejor hacerlo en casa y en el colegio que a base de golpes. Si además resulta que el contacto de mi hija con ese chat o con esa red social proviene del propio colegio (como así ha sido), parece más que recomendable que se imparta formación sobre estos y otros riesgos.

Por otra parte, no se está reclamando una asignatura sobre la privacidad, lo que sin duda sería desproporcionado, sino la inclusión en el temario de una concreta asignatura, educación para la ciudadanía,  de contenidos relacionados con la cuestión, que es algo muy distinto y, en mi opinión, algo lleno de la más elemental lógica, a la vista de la dimensión que las nuevas tecnologías han adquirido desde edades tempranas en la vida moderna.  Piénsese, por ejemplo, en lo que decíamos hace poco en este mismo blog: a qué punto hemos llegado que los centros escolares tienen que adoptar decálogos o reglamentos para el uso de dispositivos electrónicos en el espacio escolar.

El tercero de los argumentos para estar en contra…

Reclaman que los padres tienen también responsabilidades en el uso que hagan sus hijos de Internet, y que no sólo deben preocuparse de que no aparezcan fotos suyas indiscriminadamente, sino de que sus niños no sean los acosadores… Defienden que hay niños que no son víctimas, sino unos auténticos vándalos y que si se enseña a éstos que tienen “derecho a…”  acabarán denunciando a sus padres, profesores, etc…

En cuanto a la primera parte de este argumento, la referida a la responsabilidad de los padres, no sólo en la formación sino también en la vigilancia de lo que sus vástagos hacen en la red, nada que objetar al respecto. Lo comparto plenamente.

Pero en lo que se refiere a la posibilidad hipotética de un uso excesivo por parte de algunos de estos menores de los derechos que les asisten, entiendo que ese mismo riesgo existiría en relación a cualquier otro de los derechos de los que estos “individuitos” gozan, y no por ello se ha de esconder o no predicar la existencia de dichos derechos, sino más bien lo que habrá que procurar es, y creo que así se procura -al menos en mi caso-, que los menores reciban una formación adecuada en la cual se enseñe a conocer los límites de los derechos propios y a respetar los derechos de los demás. Esto sí que me parece de sentido común.

Creo que es un tema de mucha importancia, la verdad, y por ello les invito a todos a reflexionar y a compartir sus opiniones al respecto…

Muy buenos días…

 

Imagen: © Luis Salvador Montero


5 comentarios

  1. Amedeo Maturo
    21 de noviembre de 2012 @ 14:11

    Muy buen post que, como todos los otros, generará debate. Yo ya me apunto, desde mi posición más cercana al “LOPD_Centro_del_Universo” que a otras alternativas.

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    • Alfonso Pacheco
      21 de noviembre de 2012 @ 14:46

      Distinguido Sr. Maturo.
      Me dirijo a Ud. en mi condición en estos momentos de secretario virtual de don Luís Salvador, autor material de la entrada sobre la que nos ha dejado este comentario que contesto.
      El Sr. Salvador se encuentra en este momento en modo off, debido a que está camino de Murcia para asistir a un evento y. de paso, volver con una camiseta.. con pimientos y una party :-)))))
      Me ha dejado dicho que le agradezca la lectura de la entrada y su comentario, que espera poder contestarle tanto personalmente en Murcia como electrónicamente en cuanto tenga acceso a un cacharro que le permita conectarse.

      Atentamente,
      Alfonso, jefedesecretaríadedonLuísSalvadorMontero

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  2. Amedeo Maturo
    21 de noviembre de 2012 @ 14:51

    Don Alfonso, dígale a Vuesencia que esperaré con ansia su siempre acertada respuesta. Personalmente, estaré desconectado unos días, por necesidades maratoniles.
    Q.S.B.S.M.
    Amedeo Maturo

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    • Luis Salvador
      21 de noviembre de 2012 @ 23:11

      Gracias por tu comentario, Amedeo y por defender la casa en mi ausencia, Alfonso… Por mi parte y ante tu posicionamiento, como comprenderás, Amedeo, poco que añadir…

      Pensaba yo que íbamos a coincidir en Murcia mañana…. Otra vez será 😉

      Un abrazo a los dos.

      @LuisSalvadorMon

      PD ¿Ah, pero hay party? xDDDDD

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  3. Cómo educar a los niños a conseguir una protección de sus datos personales | Gesprodat
    23 de marzo de 2015 @ 08:33

    […] que se tienen en la sociedad convencional. Los menores deben ser conscientes de que son responsables de los datos que aportan a otros usuarios (a través de las redes sociales, por ejemplo), de su privacidad y la […]

    Responder

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